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Yo soñé que la muerte vino la otra noche. ¡Y allí fue grande mi asombro! Palabras de indignación se apresuraron a mis labios,
Encontré este poema pequeño en un pedazo de papel que el tiempo puso amarillo, dentro de un libro, mientras hojeaba la sección religiosa de una librería en Hollywood, en mis años pre-Cristianos. Lo he guardado hasta hoy. Es, muy apropiadamente anónimo. Debemos cuidar nuestro juicio personal, arrogante y limitado. Otra cosa es el juicio doctrinal, una materia entendida mal por muchos (la mayoría).
Yo le hablo a los hombres sabios; juzguen ustedes lo que yo digo. Éste es el Apóstol Pablo que habla, no es sólo alguien. Y noten cuidadosamente su indicación! Este verso, como muchos otros que pueden citarse, declaran claramente que nosotros debemos juzgar lo que se nos esta enseñándonos, y para exponer el error cuando este aparezca. ¿El sentido común, nos dice que si nosotros no señalamos doctrinas que son vagas, faltamos en apoyo Bíblico o somos contrarios a la Palabra, cual es entonces el propósito de tener la Biblia? ¿Por qué Dios se molestó en absoluto con ésta? ¿Y por qué hace a los traductores (la mayoría de ellos) tomar tanto dolor encontrando las palabras correctas para darnos el posible significado más íntimo si entonces alguien puede torcerlos a sus propios extremos? ¿Por qué nosotros debemos admitir a un Evangelista o a un Maestro sin probarlo, sólo porque él tiene una "reputación" o por que lo dice mientras esta sosteniendo una Biblia en sus manos? Si el oficial que recauda impuestos nos dijera que algo no esta correcto
en nuestros impuesto, nosotros sacaríamos todos nuestros argumentos
inmediatamente, los ingresos, los papeles relacionados y nosotros verificaríamos
cada artículo diez veces (orando), sólo para asegurarse
que nosotros estamos en el derecho. ¿Cuánto más nosotros
debemos comprobar aquellos que nos hablan en el Nombre del Señor? El juicio es el resultado de una mente que razona, un regalo de Dios. Que su regalo se emplea mal, se abusa o no se usa sanamente, ese es el problema real. En nuestra vida diaria, nosotros juzgamos materias que nos involucran continuamente. Siempre que nosotros escojamos una pasta dentífrica encima de otra, un automóvil encima de otro, cualquier producto encima de otro, incluso una Iglesia encima de otra, nosotros estamos ejerciendo nuestro juicio. Todas nuestras acciones y decisiones son el resultado directo de nuestro juicio. Así que detengamos esta corriente sin sentido que enseña que nosotros no debemos juzgar. Sí, nosotros debemos juzgar lo que nosotros estamos enseñando y lo que nos enseñan, porque, una vez aceptado y que se actuó sobre la base de esa decisión, esta tiene el poder para afectar nuestra vida espiritual, mental y física. Juzgue entre lo que debe hacer o no o, por otra parte puede escoger sufrir las consecuencias.
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